06/09/2017

Fotógrafo de la Semana: Robert Frank

Todo punto tiene su contrapunto, y si Bresson es el momento decisivo y la obsesión por la potencia visual, Robert Frank es una reflexión sobre el medio fotográfico en contra precisamente de esa corriente “bressoniana” y de la exposición universal The Family of Man, defendiendo el instante intersticial y la fotografía evocadora o subjetiva frente al decisivo de Cartier-Bresson.
Hay una cosa que toda fotografía ha de tener: la humanidad del momento. No lo digo yo. Lo decía uno de los grandes de la Historia de la Fotografía: Robert Frank, fotógrafo y cineasta americano (nacido en 1924 en Zúrich, Suiza). Una gran verdad. Independientemente de que estemos hablando de un paisaje, fotografía documental, periodística, creativa, retratos, macro. Debe transmitir humanidad.

Los orígenes de Robert Frank

De Robert Frank cuentan que lo rompió todo varias veces y que todo lo perdió varias veces, también. Robert Frank, el renegado decían. Hay muchos que le consideran uno de los grandes o el más grande. Si nosotros, pobres fotógrafos mortales, queremos seguir evolucionando y fotografiando mejor, él dejó de hacer fotografías porque ya lo había logrado. Ya le cansaba. Un personaje auténtico, Robert Frank.

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Nace en el seno una familia judía de buena posición económica pero que lo perderá todo durante el periodo de la II Guerra Mundial. Es, precisamente, en el país helvético, donde realiza sus primeros contactos con la fotografía, autoeditando un libro de unas 40 fotos en 1946. Un estilo difuso y demasiado ecléctico con fotografías, incluso, de otros autores retocadas por el propio Frank. Es un simple portfolio para venderse como fotógrafo en aquellos duros años de postguerra.

Con ese portfolio bajo el brazo, en 1946, se despide de su familia y viaja por Europa pero un continente en reconstrucción no le ofrece sitio al joven suizo. Un año después decide marchar desde Amsterdam a Estados Unidos.

Tras mendigar incluso o realizar los trabajos muy penosos o, en definitiva, sobrevivir en aquella Nueva York de los cuarenta, encuentra, por fortuna, trabajo en la prestigiosa revista Harper’s Bazaar, donde aunque haciendo bodegones de bolsos en principio, se convierte en colaborador habitual. Rápidamente se convierte en protegido de Alexey Brodovitch, que inspiró y apadrinó a muchos otros grandes fotógrafos de la segunda mitad del siglo XX como Richard Avedon, Lisette Model o Irving Penn, entre otros.

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Brodovitch es quien un día le dice que tire su Rolleiflex bifocal de medio formato y se pase a la Leica III de 135 milímetros. Una cámara que ya permitía hacer fotos con una sola mano, esta decisión supone un gran cambio en su manera de hacer fotografía.

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The Americans (1958) – Robert Frank

Supongo que la frase anterior, Rober Frank la dijo influenciado por esa idea que ya tenía en mente, que tomaba forma poco a poco en su cabeza y terminaría siendo su magna obra The Americans, un auténtico legado sobre la sociedad estadounidense de la postguerra, un trabajo en el que ayudado por otro grande, Walker Evans, padre del fotoperiodismo contemporáneo, y gracias a la financiación de la Fundación John Simon Guggenheim dedicó 1955 a fotografiar aquella sociedad estadounidense de postguerra en todos sus estratos sociales.

Una vida, también, dedicada al Cine

Tras el culmen de The Americans Robert Frank vuelca su empeño durante esta década al cine después de dirigir Pull My Daisy en 1959, película que le hizo replantearse su vida artística. Hasta el año 2009, Robert Frank ha dirigido 23 cortometrajes cada uno tan singular como el anterior.

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Es de destacar dentro de los cortometrajes de Frank, su documental de 1972, Cocksucker Blues sobre el mítico grupo Rolling Stones, durante la gira de éstos ese año. Un documental que muestra el uso de drogas y el sexo en grupo. Se rumorea que lo que más preocupó al grupo, cuando vieron el cortometraje,  fue cómo la mirada sencilla de Robert Frank mostraba además de los excesos del grupo, la soledad y la desesperación de la vida en la calle, algo con lo que ellos no contaban.

Esto dio lugar a una demanda del grupo contra Robert Frank sobre si los derechos de autor recaían en Robert Frank o en la banda musical. La demanda se resolvió estableciendo que la película no podía mostrarse en salas más de 5 veces al año y siempre debía contar con Robert Frank presente. Sin duda, una resolución curiosa.

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1970, vuelta a la fotografía y tragedias personales que marcarán su vida, de nuevo

Todo había cambiado para el gran maestro, tal vez traicionado por aquella demanda de los Stones, aunque luego colaboró con ellos. A pesar de que en 1972 publica Lines of my Hand y en años posteriores otros trabajos, ninguno llega a la altura visual de The Americans, aunque no dejan de ser obras muy notables.

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La tragedia personal le toca de cerca, ya separado de Mary Lockspeiser en 1969, cuando en 1974 su hija Andrea muere en un accidente aéreo en Guatemala y poco antes su hijo Pablo había sido hospitalizado por esquizofrenia. Su fotografía posterior refleja precisamente eso, la pérdida de un ser querido y la lucha contra la enfermedad mental.

En el año 1996 recibió el Premio internacional de la fundación Hasselblad y en 2009 el premio de PHotoEspaña 2009, entre otras muchas distinciones. En 1995, fundó la Fundación Andrea Frank que proporcionaba préstamos a artistas. En la actualidad tiene 93 años y sigue fotografiando.

Para conocer más sobre la vida y obra de este maestro de la fotografía, visita su web: http://www.dontblinkrobertfrank.com/

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