22/11/2017

FOTÓGRAFO DE LA SEMANA: José F. Aguayo

José Fernández Aguayo fue hijo del fotógrafo taurino Baldomero Fernández Raigón y entró en contacto con la fotografía a los nueve años como ayudante de su padre en el laboratorio. Durante su adolescencia fue torero profesional, carrera que comenzó con 13 años y abandonó en 1933, después de sufrir tres graves cogidas y también por su escasa estatura. A partir de este momento, que coincidió con la llegada del cine sonoro a España, comenzó a trabajar como reportero gráfico especializado en corridas de toros.

En 1935 realizó un reportaje sobre el rodaje del Currito de la Cruz de Fernando Delgado, trabajo que lo llevó a ser contratado para foto-fija por el operador alemán Enrique Guerner, del que luego sería discípulo y uno de sus más destacados discípulos. Durante la Guerra Civil española participó en los noticieros republicanos, lo que le originó algunas dificultades en la posguerra para incorporarse al trabajo, pero las depuraciones en el terreno cinematográfico fueron mínimas, consiguiendo dedicarse a la dirección de fotografía en cine y a la docencia en la Escuela Oficial de Cinematografía (entre 1958-76).

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A lo largo de casi 50 años de trabajo, participó en más de 100 películas españolas como director de fotografía. Debutó en 1945 con Castañuela, del director Ramón Torrado, y colaboró con Juan de Orduña en algunos de los grandes éxitos del cine de posguerra, como La Lola se va a los puertos (1947), Locura de amor (1948) y El último cuplé (1957). También participó en otros títulos destacados como Maribel y la extraña familia (1960), de José María Forqué; Mi calle (1960), la última película del director Edgar Neville, y El extraño viaje (1964), de Fernando Fernán-Gómez. Trabajó junto a Luis Buñuel en Viridiana (1961) y Tristana (1970), dos de las grandes obras maestras del director.

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La primera, en la que Aguayo participó con una excelente fotografía realista en blanco y negro, ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes, y la segunda, basada en la obra de Benito Pérez Galdós, logró sintonía con el tono general de la historia gracias al empleo de los colores ocres y del claroscuro, que le permitieron narrar eficazmente las peculiares relaciones entre los protagonistas de la película.

En 1987 recibió el Goya de las Artes y Ciencias Cinematográficas, y en 1996 la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes. Tres años antes de morir, la película José F. Aguayo: imágenes del cine español y la exposición en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid le rindió un último homenaje.

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